martes, 27 de noviembre de 2012

Escrito por Isa. Prólogo+Capítulo 1

Bien, me presento, me llamo Isabel y tengo 14 años. El mundo de la lectura me ha abierto sus puertas hace poco para deleitarme, tal vez por ello, no halla llegado a mi capacidad total para escribir o inventar, pero creo que sabré estar a la altura de las circunstancias.
A diferencia de Gema, yo no valgo tanto para el arte, simple y llanamente me gustaría tener, en un futuro, una carrera de ciencias y/o escribir.
También me apasionan los seres sobrenaturales: hombres lobo, vampiros, brujas y brujos, hadas, kelpies...
Hago especial hincapié en los vampiros, hace poco descubrí la saga de las "crónicas vampíricas" por Anne Rice y desde entonces he profundizado en este submundo de vampiros con orígenes diversos (os recomendaría leerla, pero sé que la mayoría no soportaría los libros de 800 páginas con la suficiente paja de por medio para exasperar a mi compañera blogger).
Pero, al margen de leer eso, me gusta más escribir con estilo propio, no como Anne Rice. Por eso y porque quiero saber en que puedo mejorar, os voy a presentar un proyecto en el que he trabajado durante algún tiempo y que aún no cuenta con un final. De vez en cuando (con bastante frecuencia) suele narrar otro personaje, así que ya pondré respectivas indicaciones cuando eso suceda: os dejo el prólogo y el primer capítulo porque si no se haría muy corto.
Que disfrutéis.

Prólogo
Era noche cerrada. Caminaba hacia mi casa después de la típica "salida de amigos" -de la cual me fui cuando empezaron a emborracharse-.
Iba por una calle amplia, escuchaba el eco de mis pisadas... a las que se sumaron otras. No sabría decir cuantas más pero juraría que eran tres pares.
Alcé la cabeza sin dejar de caminar y observé a los tres individuos que me cortaban el paso calle adelante.
Giré repentinamente a la primera callejuela que vi a mano izquierda. Estaba oscura y tenía bastante humedad, no se veía el fondo... hasta que golpeé contra él.
Había chocado contra la pared cayendo en el acto de bruces contra el suelo. Me incorporé todo lo rápido que pude y me giré para irme, pero los tres individuos también habían entrado en la callejuela y estaban a escasos metros de mí.
De repente, un chico apareció de la nada y se interpuso entre esos hombres y yo. ¿De dónde había salido? No podía haber saltado desde una ventana o desde el tejado y tampoco había ningún escondite allí...
-Apártate -dijo uno- esto no va contigo.
-Solo queremos divertirnos con la chica -se le unió el otro-.
-Si no te vas acabarás mal -dijo el último-.
Yo temblaba por puro instinto, lo único que se interponía entre ellos y yo era un chico al que ni siquiera conocía...no era muy halagador.
El chico no pareció hacerles caso porque se cruzó de brazos y no se movió.¿Qué como era? Pues yo solo veía sus musculosos hombros y su robusta espalda...y su cabello, le llegaba hasta los hombros y su lustrosa melena era negra, con un tono azulado. Llevaba una camiseta blanca y unos vaqueros azules.
El chico hizo una mueca y esos hombres palidecieron.
Un fuerte destello de luz me cegó, lo último que vi antes de desvanecerme fue a mis agresores en el suelo y el chico sonriéndome...las facciones de su cara se me quedaron grabadas; eran finas y delicadas, con piel pálida y ojos profundos, del color de la noche.
¿Pero que era eso? Llevaba...¿alas?
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Desperté en mi habitación con la misma ropa, como si nada hubiese ocurrido. Mi mente empezó a formular todo tipo de preguntas...¿había sido real? Sí, me lo confirmó un chichón en la frente, signo de mi apego a las paredes, y una pluma que estaba enganchada a mi pelo.
¿Quién era el chico? No lo había visto nunca y siempre he vivido aquí...¿le volveré a ver?



Capítulo 1

Pasaron los dos años mas largos de mi vida. La escena de esa noche venía a mi cabeza una y otra vez. Miles de preguntas anidaban en mi cabeza, reviviendo la escena. A veces sentía su presencia, sentía que me observaba, que me dedicaba otra sonrisa, y cuando me volvía a comprobarlo...nada. La nada más absoluta. Había inspeccionado cada milímetro de ciudad, hasta el rincón más inhóspito sin hallar nada concluyente.
La decisión estaba tomada: ese día era mi mudanza, mi semi-independencia. Marcho al pueblo de mi infancia, al de mis vacaciones. Mis padres tienen una casucha allí y he decidido cambiar de aires...
Ese día me desperté aprisa, era viernes, todo me gritaba: ¡libertad!   
Me duché a la velocidad de la luz y fui corriendo al armario. Me vestí con una camiseta blanca y unos vaqueros azules,- ¿de qué me sonará? - cogí una maleta y empecé a llenarla con todo tipo de cosas: ropa, libros, cremas...
Me costó un tiempo cerrar la maleta a presión y bajé corriendo las escaleras como si mi vida fuera en ello. Me desplacé hacia la cocina como si me persiguieran unos jabalíes furiosos y engullí de un trago el vaso de leche con cereales. Me dirigí hacia la entrada, cogí las llaves, la correa de Brandy -mi labradora negra- la cual agitaba la cola detrás de mí.
Llegué hasta la puerta, me retoqué el peinado frente al espejo de la entrada y me despedí:
-Mamá, me voy ya -grité-.
-¡Adiós cariño, llámame si tienes algún problema!
Cerré de un portazo y avancé hacia la carretera, me detuve esperando al taxi...y por fin llegó.
Me di prisa en meter la maleta en el maletero y me acomodé en un asiento con Brandy a mis pies.
- ¿Adónde la llevo? - preguntó el taxista-.
- A Ébora.
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Los paisajes que se veían eran muy rurales, parecía haberme perdido en medio de ninguna parte.
Era un campo llano, con árboles frondosos y un arroyo que pasaba silbando.
El trayecto se hizo eterno, era muy repetitivo; árboles y árboles y, luego más árboles...hasta que divise el pueblo en la lejanía. Parece haber sido construido en plena montaña, perdido en el bosque.
Ya me esperaba el recibimiento...ninguno.
El taxi  paró y me sacó de mis pensamientos, por supuesto, había llegado a mi destino. Y no iba a ser precisamente barato el viaje...
- Son 75,88$ - dijo el taxista...carero-.
-Aquí tiene - dije a regañadientes-.
Saqué la maleta, llamé a Brandy e inspeccioné la zona.
Estaba en la entrada de Ébora; el ayuntamiento al frente, la plaza a su izquierda y se divisaba el tejado del hospital sobresaliendo por encima.
Me encaminé por una calle de la derecha, la casa se hallaba por la otra punta del pueblo - o eso creo -.
Todas las calles parecían iguales; cinco casas a cada lado, todas de colores apagadas y ventanas oxidadas...
Muy monótono para cualquier gusto. Cada cierto tiempo uno se encontraba con casas que desentonaban por el color y la forma. El modernismo no es muy popular en este sitio. No hay muchos parques en la ciudad...para algo está rodeada de campo. El cielo está encapotado, común en estas fechas.
Ni un alma por la calle y eso que es viernes...
Esperaba que por lo menos la juventud hiciera acto de presencia.
Y, por fin, la calle que buscaba. Una calle de casas de colores claros, más bien adosados...con un mirador al fondo y un pequeño patio. Fijé mis ojos en una casa beige que con el paso del tiempo había ennegrecido, esa era, tal y como la recuerdo.
Avancé hacia ella. Cuando estaba a un metro un escalofrío recorrió mi espalda. Miré por el rabillo del ojo a ambos lados de la calle. Nada. "Me estoy volviendo paranoica" -pensé-.
Pasé de largo y coloqué la mano en el picaporte de la puerta. Acto seguido introduje la llave y la giré con suavidad. Enseguida se escuchó el "clak" que hace el resorte al abrirse.
Empujé suavemente la puerta y ésta se abrió sin ninguna resistencia. Entré la maleta y cerré la puerta tras entrar Brandy.
El interior estaba recubierto con una capa de polvo y telarañas en todas y cada una de las esquinas. Todos los muebles tapados con sábanas blancas y el olor a "abandono" abarcaba toda la casa.
Ésta se componía de dos plantas; en la primera un salón, un recibidor, una cocina y un cuarto de baño...la segunda tenía otro cuarto de baño, dos habitaciones y un gran pasillo.
Por el momento arreglé y limpié la cocina afondo, después me serví un pequeño tentempié que llevaba en la maleta.
Me quedaba mucho por hacer, por ahora mis objetivos se centran en despejar el recibidor, la escalera y, prácticamente toda la planta de arriba.
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Para cuando hube terminado con los objetivos eran las nueve  y media de la noche...
Las tripas me rugían, no había comido nada desde el tentempié del mediodía. Me deslicé hasta la cocina, abrí la nevera y...¡sorpresa! ¡¡¡Se me ha olvidado comprar comida!!!
Maldije mi suerte y subí a cambiarme de ropa para salir a cenar algo.
Me puse unas mayas azul marino, unas deportivas y una camiseta blanca con la imagen de un creeper.
Bajé las escaleras, monedero en mano, y salí a la calle. Ya había anochecido y apenas si se veía algo.
Por muy desagradable que parezca, le estoy eternamente agradecida a Mc Donald´s por estar en todos los lugares del mundo. Divise una "M" tras los tejados y simplemente me dejé guiar hasta allí. Mi sorpresa fue mayor cuando vi el Mc Donald´s vació...
Entré sin pensármelo dos veces, solo había un empleado a la vista y el uniforme no iba con su expresión ni sus cabellos, rojos como fuego. Me acerqué haber si se percataba de mi presencia y me atendía...no lo hizo, por lo que yo carraspeé y entonces se giró para mirarme.
- Quería una hamburguesa -musite-.
- Enhorabuena, - dijo con burla- pero está cerrado.
Mi cara se contrajo en una mueca y mi estómago resonó por todo el local.
Él, que escuchó el sonido, me miró de pies a cabeza y después gritó:
- ¡Zoe, tenemos un cliente!
- Castiel, tienes que dejar de decir estupi...-la voz se fue acercando hasta llegar a nosotros-.
La chica me miró detenidamente, y percibió mi cara de muerta de hambre...¿ pero porqué me miraban tanto los dos? ¡Que yo solo quiero comer!
La chica era delgada, esbelta más bien, con cabellos rubios y ojos azules como el mar. Es bastante alta, la echo 1´73...¡me saca una cabeza!
- Zoe -dijo el pelirrojo...¿Castiel?- tráela un menú normal anda.
Compartieron una mirada...¿se me pasaba algo por alto?
Después la chica asintió y desapareció en la cocina.
- Gracias -masculle-.
Él simplemente puso una mueca. La chica salió de la cocina y se acercó a una mesa, puso la bandeja y me invitó a sentarme con ella. Rápidamente me abalancé sobre la comida...
- Hola, soy Zoila - paró un momento, creyendo que no la escuchaba- ¿ y tú eres?
- Jovsiza -dije con la boca llena-.
- ¿Cómo has dicho?
- Alicia -dije tras tragar un bocado de hamburguesa- un placer conocerte Zoe.
- No eres de por aquí, ¿no?
- No, me he mudado hoy.
- Ah...¿ vas a venir al Sweet Amoris? -preguntó emocionada-.
- ¿Al qué? - dije totalmente perdida-.
- Al instituto.
- Ah...sí... - ya se me había olvidado que existía-.
- ¡Genial! Entonces te veré allí, a esto invita la casa -dijo señalando la bandeja-.
- Gracias...
Observé una última vez el local, es algo siniestro verlo vacío y con unos empleados tan...¿raros? Bueno, se podría decir que la chica es maja, pero de él no estoy tan segura. Ambos se pusieron a cuchichear a mis espaldas.
Me volví y salí del establecimiento. Volvía a casa cuando...




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